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"Si no eres mía, no serás de nadie": Ataques con ácido, otra forma común de violencia machista

Andrea Escobar Andrea Escobar

13 de marzo de 2019, 02:31 hrs

 

ataques de acido mujeres
ataques de acido mujeres

Mujeres sobrevivientes a ataques de ácido. Imágenes: (en el sentido del reloj) Wikipedia, Flickr, Wikimedia, Wikimedia Commons

A principios de 2018, la entonces ministra del Interior de Gran Bretaña, Amber Rudd, presentó un proyecto de ley para restringir la venta de químicos corrosivos a mayores de 18 años. El proyecto fue acompañado de un programa voluntario muy exitoso en el que se invitaba a comercios a sumarse a la iniciativa —aunque todavía no fuese elevada a ley— para ayudar a prevenir los ataques con ácido en el país, que año con año eleva sus cifras (en 2017 se registraron en promedio dos ataques al día). Gran Bretaña es el único país donde este crimen se comete mayoritariamente hacia hombres, la tendencia mundial coloca a las mujeres como las principales víctimas. 

Al igual que la diferencia entre un homicidio y un feminicidio, los ataques con ácido hacia mujeres suelen tener un móvil muy distinto a cuando el ataque es perpetrado hacia un hombre. Estos últimos generalmente se dan entre grupos criminales rivales o por diferencias religiosas; sin embargo, los ataques hacia mujeres conllevan una carga de género importante. Son un tipo de violencia que pone en evidencia distintas formas de control machista sobre la vida de las mujeres.

46 de cada 48 atacantes con ácido son hombres 

De acuerdo con un informe de la organización Acid Survivors Trust International (ASTI, por sus siglas en inglés) tan sólo dos de cada 48 atacantes son mujeres, mientras que el 62% de los ataques son perpetrados hacia mujeres, de las cuales la tercera parte no ha cumplido 18 años. Pero las cifras no son exactas dado que la mayoría de estos crímenes no son reportados a la policía; en Pakistán, por ejemplo, se estima que 400 mujeres son atacadas anualmente por algún miembro de su familia —generalmente sus esposos— pero la policía sólo tiene registro de 1,500 denuncias en los últimos diez años. 

Las principales razones que motivan los ataques tienen connotaciones sexistas: se dan por rechazos a propuestas de matrimonio, celos, venganza por rechazo sexual o demandas de dote de casamiento. Y, al igual que otros tipos de de violencia de género, las estadísticas demuestran que es un problema interseccional en el que la marginación, etnicidad, orientación sexual y la clase tienen una importancia innegable en la vulnerabilidad de las víctimas. 

En una sociedad tan machista como en la que vivimos destruir la apariencia de una mujer puede acabar con sus posibilidades de desarrollo —precisamente lo que los atacantes buscan— afecta psicológicamente a las víctimas, dificulta la formación de una familia, sus oportunidades laborales y de socialización. 

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